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Pesca del Dorado

El DORADO es el pez más hermoso que habita las aguas del río Paraná. Bautizado como el “tigre de los ríos”. Su temple y voracidad cazadora a la hora de conseguir su alimento fundamentan de manera perfecta el bien merecido mote. No existe en la pesca deportiva especie tan luchadora. Dueño de una dentadura impresionante, una vez clavado, el dorado comienza a realizar grandes saltos acrobáticos que le aumentan la emoción a esta pesca. La lucha contra este gran pez suelen durar largos minutos de tensión y adrenalina. La pesca del dorado es considerada como una de las mejores a nivel mundial. Paso de la Patria, frente a la isla del Cerrito, es visitada todos los años por pescadores de todo el mundo que llegan para participar de la Fiesta Internacional del Dorado en las aguas del Río Paraná.

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LEYENDA

La provincia de Corrientes atesora una leyenda que durante siglos contaron los guaraníes más sabios.

“Una noche, los grandes dioses comunicaron al jefe inca que debía apurarse a esconder el tesoro más importante que tuviera su imperio. Pero él mismo debía darse cuenta cuál era, antes de perderlo por completo.

Al amanecer, el gran inca comunicó a todos la decisión de esconder la fórmula que convertía los metales en oro. La difícil tarea quedó en manos de los dos caciques más honestos del imperio, llamados Paraná y Uruguay. Debían viajar lo más lejos posible hasta descubrir un gran mar donde el sol se elevara del agua. Llevaban sólo dos cajas de madera selladas, en cuyo interior se hallaba el líquido mágico.

Caminaron durante días y meses sin hallar el lugar buscado. Cansados de andar en riachos y arroyos, y de atravesar grandes ríos, un día llegaron hasta una isla donde decidieron terminar el recorrido.

La leyenda cuenta que ambos abrieron sus cajas y arrojaron el líquido al mar que tenían enfrente. Fue en ese momento cuando las aguas comenzaron a enturbiarse y se volvieron doradas, y todos sus peces comenzaron a tomar el color del oro, al igual que lo hacían los metales.

Al ver tanta belleza, ambos se arrojaron al agua para atraparlos, pero la corriente se los llevó río abajo con mucha fuerza. Mientras se ahogaban, cada uno gritó el nombre del otro y ambos lograron escucharse, separados sólo por un gran monte.

En ese momento, mientras la corriente los llevaba río abajo, una voz les habló y les dijo que su gran jefe inca se había equivocado y que el tesoro más valioso que tenía que haber salvado era su pueblo y no su oro.

Y así, como un gesto de agradecimiento, los dioses convirtieron a Paraná y Uruguay en dos grandes mares de agua donde, a partir de entonces, sale y se guarda todos los días el sol. Y fue allí cuando los dioses impusieron a los hombres una única regla: cuidar para siempre a los peces dorados.”

 



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